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La Coctelera

márs

10 Abril 2006

Caminando hacía uno mismo

¿Cuando fue?...me parece que ha sido hace poco...
Una mañana de primavera; esos días brillantes por la luz del sol, allá en un caserío de un pueblo del norte, amaneció. Como de costumbre: lavarse la cara, peinarse, un tazón de leche con sopas (pan migado) e ir a la escuela, pero aquel día decidí hacer lo ya lo había hecho otras veces...en vez de a la escuela, me iría al río.
Cerca del caserío había un pequeño río, que para mi entonces, era un río, como dios manda.
¿Como es posible que me obliguen a ir a la escuela, donde me tratan a palos, me dan bofetadas, tirones de orejas; me imponen aprender de memoria "historias" que me importan un pito; las matemáticas ¡que horror!, historia de España...bueno...?
En el recreo, por general, peleas con los otros chavales y el como empezar a hacerte una posición entre esa marabunta de energía descontrolada. Por todo ello, era muy fácil la elección: el río. Allí, yo sólo, bueno la verdad es que es mentira, no me sentía sólo para nada: el susurro del agua debajo de la enramada que caía haciendo un puente de hojas de lado a lado. Estar allí, era una sensación de estar protegido, la verdad no se de qué, pero la sensación, era como si estuviera abrazado por alguien que te quiere mucho. Los rayos del sol penetraban por entre las hojas, para incidir sobre el agua creando infinitud de destellos de mil colores, o sobre las florecillas primaverales, resaltando aún más sus delicados colores; la brisa suave silbando en mis oídos, poniéndole voz a lo que allí acontecía, a coro con el trino de los pajarillos... era la narración de la historia de la vida misma. No sólo no tenía nada que aprenderme, sino que además me olvidaba; me olvidaba de todo, para vivir la magia de la vida, en aquel lugar, como en cualquier otro, en el que nadie anduviera por los alrededores, haciendo ruido, ya sabes: el de los humanos.
Pasaron los años y todo estaba perfectamente planeado para que muy a pesar mío, todo fuera cambiando. La impresión de vivir directamente, se fue transformando en recuerdo y el recuerdo en olvido de vivir. Aquellas experiencias vívidas y plenas de olvido espontáneo, se fueron convirtiendo en la tortura de ingresar en el mundo sistemático, contradictorio y negro de los adultos. Me fui haciendo uno de ellos, igual de estúpido e interesado. Unos años, dos o tres antes de cumplir los catorce, era tal la amenaza que presentía, que me negaba a crecer. No, no quería ingresar en el mundo de los mayores: veías a alguien que conocías y posiblemente te saludaba, o no, según tuviera el día. Era desconcertante: te enseñaban, primero a ser importante con tanto que aprender y después te negaban el saludo, o sea, que no eras nadie.
Entonces no tenía ni idea de que existiera eso de la autoestima, pero ya comenzaba a acusarlo: mi autoestima se me iba a los suelos, cuando me ocurrían cosas semejantes pero, la verdad...también me cabreaba que fueran tan idiotas. ¿Que les pasaba, porque no me saludaban, mirando hacía otro lado, si yo estaba seguro que me habían visto? Eso no me pasaba en el monte, allí todo transcurría de otra manera; todo era normal.
Me resistía, o era incapaz de asimilar conceptos. La verdad es que apenas me sentía atraído por ampliar mis conocimientos intelectuales, a todo lo más, me interesaba por temas de cierto carácter filosófico, parecía que me suscitaban un interés particular (por aquello de volver a ser uno mismo), pero sinceramente, como me sentía inferior culturalmente, casi ni lo hablaba con nadie. Ya había cumplido los veinte.
Eres joven y el mundo se te queda pequeño para las ansias que afloran en tu ánimo; de ahí en adelante, otra nueva y continuada experiencia por los mismos derroteros, en definitiva, la de ser ¡otro idiota más¡
Esta etapa que sigue me la salto, no sólo porque no vale la pena contarla, sino que además me da cosa describirla… porque no sería decir, bueno, escribir nada nuevo, tan sólo mira a tu alrededor…ahora cuéntame tú a mi, ¿que has visto…? ¡Ves!, te lo decía…bueno, te lo iba a decir…
Han pasado bastantes años y otra vez como en el principio, pero al final hemos ganado: el mundo es como es y yo también, pero entre uno y otro tiempo han habido cosas de todo tipo, ¿pero que importa, si al final te has enterado, por fin, donde suenan las campanas? Pero…me temo que todavía hay muchos que les suenan, sin haber caído… bueno en realidad, no hace falta caerse, tan sólo oír sin tanto ruido de fondo (conceptos), para que exclames: ¡Que idiota he sido!, ¿Pero mira que estaban cerca…? A lo mejor un buen lavado de orejas (intelecto), despeja la cosa…
De chavales les decíamos a los que no se enteraban, que llevaban puestas las orejeras, como los burros, que ven sólo lo que tienen delante, pues me temo que ese es un problema generalizado en los humanos, nos ponen las cosas delante y todo lo deseamos; todo tipo de objetos los queremos, a pesar que en la mayoría de las veces, no nos hagan falta, pero el compulsivo consumismo nos puede, sin darnos cuenta que a los lados de las orejeras que llevamos y que no vemos (como la letra pequeña de los contratos) están otras cosas que nos importan más, bueno deberían de importarnos más, porque el precio que pagaremos va a pone en crisis nuestro equilibrio vital.
¿Pero que nos hace ser tan inconscientes?, ¿por qué esa incontrolada inercia de tanta dependencia hacía lo efímero?
El hombre descubrió que con su razón, podía manejar mejor, para sus intereses, el mundo que le rodeaba y ¡vaya que ha sido así! Hemos transformado, domado y subyugado todo lo que se ha puesto a nuestro alcance.
Quiero invitaros a contemplar el mundo que tenemos y no quiero hacer una lista de los puntos negros que tiene nuestra civilización, pero a pesar de no ser moralista, ni sentimental, no puedo por lógica universal, dejar pasar un día que no me sorprenda la actitud humana como se pasa por alto, todo principio que rige el devenir de la vida.
Nos hemos puesto en peligro de echarlo todo a perder, como ya ha ocurrido en otras épocas, si antes, no ponemos freno a la devastación que estamos causando a la naturaleza y a los recursos naturales.
Ahora ya lo tengo claro, pero en otros tiempos me preguntaba, ¿como es posible que la razón (facultad de discurrir, según el diccionario de la lengua española) sea la facultad y el medio para destruirlo todo? Queda obsoleto, hoy día, citar a la biblia, pero el símbolo sigue vigente, el paraíso que el hombre disfrutaba, en la condición natural, se vino abajo cuando quiso ser tan grande como dios. Esa es la peor enfermedad que padece el humano: la pretensión de ser, siempre más…
La razón del hombre no realizado interiormente, obedece al ego que es egoísta y personal y salvo que el hombre, cada uno de nosotros, no ponga remedio a esta inclinación natural que como especie hemos desarrollado, pues seguiremos aún, en los albores de la humanidad, factura de una condición, que aún está pendiente de realizarse, a mi entender.
El ego existe, aunque a mejor decir, lo creamos en la medida que pensamos egoístamente. ¿Pero como he llegado a ser tan egoísta…cuando ha sido hace poco…tan sólo hace poco, que era otra persona…? Es posible que nos preguntemos
De esta manera nos contamina, no el mundo natural, sino el del hombre; nuestros ideales personales, no son tan nuestros…el engranaje social tiene mucho que decir sobre lo que yo soy. Luego mi personalidad es fruto de una serie de circunstancias, ¿entonces de que puedo sentirme tan orgulloso de mi mismo? ¿En seguir contribuyendo con la descalabrada acción destructiva humana?
Si, aquí ahora, sin tanta parafernalia cultural, religiosa, filosófica; sin tanto proyecto o deseo, sin identificarse con esto o con lo otro que te promete el oro y el moro, no te sientes bien, en paz ¿como esperas conseguirlo con todo ese lastre de necesidades que te has echado encima? Esta, la nuestra, es una sociedad de idiotas cortada por el mismo patrón. Aunque tal vez se crea que eso es la felicidad, por el tiempo que ya hace que le perdimos el hilo, a eso de ser uno mismo.
No es pensando desenfrenadamente que surge la humanidad, es abstrayéndose de buscar nada, que lo alcanzamos todo. ¡Lo sé...!, ¡lo sé…! los derroteros de la “humanidad” no van en esa dirección...
Querido/a amigo/a, ese es el reto de cada uno de nosotros: no tanto protagonismo y se pondrá en marcha otro individuo social, más humano. Que considere por encima de todo su origen natural y al que ha de volver, conscientemente claro, quiera o no, algún día, pero mucho mejor que quiera, para adquirir la conciencia de saber quién se es y vivir, como dios manda, pues no puede ser de otra manera. Esto no necesita elucubraciones, mentales, sólo, menos importancia personal porque sin ella, nos encontramos a tan sólo, unos milímetros de nosotros mismos, el de ser uno mismo, es nuestra medida; la medida de nuestra dimensión.
El estar juntos físicamente, no implica necesariamente hacer lo mismo que hacen los demás.
Desde niño, siempre quise no ser…para SER.
márs

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